Autor: admin

El cuento del enemigo

Para crear un enemigo toma un lienzo en blanco y esboza en él las figuras de hombres, mujeres y niños. Sumerge en la paleta inconsciente de tu sombra enajenada un gran pincel y emborrona a los extraños con los turbios colores de la sombra. Dibuja en el rostro de tu enemigola envidia, el odio y la crueldad que no te atreves a admitir como propias. Ensombrece todo asomo de simpatía en sus rostros. Borra cualquier indicio de los amores, esperanzas y temores que se constelan caleidoscópicamente en tomo al corazón de todo ser humano. Deforma su sonrisa hasta que adopte el aspecto tenebroso de una mueca de crueldad. Arranca la piel de los huesoshasta que asome el esqueleto inerte de la muerte. Exagera cada rasgo hasta transformar a cada ser humano en una bestia, una alimaña, un insecto. Llena el fondo del cuadro con todos los diablos, demonios y figuras malignasque alimentan nuestras pesadillas ancestrales. Cuando hayas terminado el retrato de tu enemigo podrás matarlo y descuartizarlo sin sentir vergüenza ni culpa alguna. Porque entonces lo que destruirás se habrá convertido en una fantasía. La fantasía de todo aquello que rechazas de ti mismo. El cuento del enemigoSam KeenVersión del Instituto Enric...

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Me gustan los ordenadores

Me gustan los ordenadores. Por algún motivo congenio con ellos. Me gusta saber que cuando algo no funciona puedes apagar y encender de nuevo el ordenador; es una solución mágica. Creo que no estaría mal que ocurriera lo mismo con las personas, que cuando no entendieras a alguien, cuando algo fuera realmente extraño, pudieras reiniciar a esa persona, apagarla y encenderla de nuevo. Eso sería lo primero que aportaría a nuestro mundo; lo segundo sería el icono «deshacer» de los procesadores de texto como el Word. Me parece una función maravillosa. Si te equivocas y clicas deshacer, esa flecha...

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¿Pero tú me amas?

—¿Pero tú me amas?— Preguntó Alicia. —¡No, no te amo!— Respondió el Conejo Blanco.Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida. —¿Lo ves?— Dijo el Conejo Blanco. —Ahora te estarás preguntando qué has hecho mal, para que no consiga quererte al menos un poco, qué te hace tan imperfecta, fragmentada. Es por eso que no puedo amarte. Porque habrá días en los cuales estaré cansado, enojado, con la cabeza en las nubes y te lastimaré. Cada día pisoteamos los sentimientos por aburrimiento, descuidos e incomprensiones. Pero si no te amas...

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