- Mira -gorgoteó la Morla-: somos viejas, pequeño, demasiado viejas y hemos vivido bastante. Hemos vivido demasiado. Para quien sabe tanto como nosotras nada es importante ya.
Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante
Michael Ende
La Historia Interminable
Sufriríamos menos si las relaciones
se basasen en la libertad de elegir,
pero las construimos en base a la necesidad.
Necesidad de tener a alguien,
necesidad de “pertenecer a alguien”.
En realidad los humanos
somos seres esencialmente libres.
Nos encadenamos a otros
por tener una sensación de seguridad y estabilidad,
pero la vida siempre nos zarandea
y nos pone a nueva gente en el camino.
Unos se van, otros se quedan un tiempo;
nos enamoramos y nos desenamoramos,
nos acostumbramos y nos desesperamos…
la vida es movimiento, pese a los anclajes
a los que nos aferramos para parar el miedo al futuro
Coral Herrera
…Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno.
O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra.
Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombre de las capitales de Estado, cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información.
Entonces tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresón de que se mueven sin moverse. Y serán felicies, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino, se encuentra la melancolía…
Ray Bradbury
Fahrenheit 451
Un hombre fue invitado a comer en la mansión de unas personas muy ricas, y llegó al ágape ataviado con ropas modestas. Al instante, advirtió que los anfitriones eludían saludarlo y que los camareros evitaban servirlo.
Como vivía cerca, corrió a su casa y se vistió con una túnica muy cara y lujosa. Así volvió al banquete, donde nadie había reparado en su ausencia. A su regreso, los dueños de la casa lo recibieron cortésmente y los criados mostraron ante él grandes ademanes de respeto.
Llegado el momento de la cena, aquel hombre se quitó la túnica y la arrojó en medio de los manjares. – ¿Por qué haces eso?, le preguntaron extrañados los anfitriones. – Ha sido mi túnica y no yo la que ha recibido vuestro respeto y atenciones. Que sea ella la que se quede a comer. Dicho lo cual, aquél hombre abandonó aquella casa
Cuento sufí
Dos monjes budistas iban viajando juntos y tenían que atravesar un río caudaloso. En la orilla estaba una mujer que les pidió por favor que le ayudaran a cruzar, pues ella no podía hacerlo por sí sola
Uno de los monjes, obedeciendo las reglas de su Orden que prohibía a los monjes hablar o tocar a cualquier mujer, la ignoró y atravesó el río.
El otro monje se compadeció de la mujer, la cargó en brazos y la llevó al otro lado del río, donde se despidió de ella y luego los dos monjes continuaron su viaje.
Durante el camino el monje que cumplió las reglas iba enfadado, recordando lo que había hecho su compañero. Tras muchas horas de viaje y muchos kilómetros recorridos el primer monje seguía pensando en lo ocurrido y cuando no aguantó más su enojo, le reclamó a su compañero por haber desobedecido las reglas, por arriesgarse a ser expulsado, por haber deshonrado a su congregación. El segundo monje le respondió: “Yo dejé a esa mujer a la orilla del río, ¿tú por qué sigues cargando con ella?”
- Jesús, quería hablarte.
- ¿De qué?
- Pedirte una cosa. Algo que, se que es pequeño para ti, y mucho para mi. Un milagro.
- ¿Un milagro?
- Sí, ya escuchaste a esa decir que mi mujer estaba pidiendo por las calles. Pues yo había pensado que quizás tú podrías poner algo de oro sobre la mesa de mi casa, o quizas plata, o unas cuantas monedas, que también pueden ser de oro o plata.
Si son de cobre harían el apaño si fueran un buen montón, lo suficiente para que mi mujer pudiera ir tirando sin tener que mendigar.
- Ya lo hice hace tres días. La vi en sueños mendigando y le dejé un montón de monedas de oro sobre su mesa. Deberías haber visto como lloraba de felicidad.
- ¿Y te dijo algo sobre mi?
- Sí, que en su corazón no cabe más amor que el tuyo.
- ¿De verdad? Gracias, muchas gracias… Perdón Jesús, de lo que me has dicho antes: ¿Le dejaste el dinero en sueños?
- Sí.
- ¿Pero eso es un milagro? Quiero decir, ¿tiene efecto real?
- No lo creo, fue un sueño.
- ¡Pero entonces mi mujer sigue como estaba!
- ¿Cómo estaba?
- ¡Pidiendo por las calles!
- ¿Tú la has visto?
- No, lo dijo esa mujer.
- ¿Y lo que te dijo esa mujer te hizo sentir mal?
- Sí.
- Y lo que te conté yo, ¿te hizo sentir bien?
- Sí.
- Pues elige el cuento que más te guste, los dos están hechos para ti.
12+1 Una comedia metafísica (2013)





